Estamos muy acostumbrados a oír hablar del deporte de alto rendimiento o el
deporte de competición, es más una de las mayores aspiraciones de la mayoría de
los estudiantes de Ciencias de la actividad física y deporte sería llegar a ser
entrenador de alto rendimiento.
Jamás diré que el deporte de rendimiento no sea algo
educativo, ya que soy defensora a ultranza de que la competición aporta grandes
valores y principios a la vida de todo deportista que la experimenta, sin
embargo, esta no es la única forma de educar que nos proporciona el deporte.
Desde no hace mucho a empezado a interesarme el deporte en
el ámbito de la salud, y más concretamente con personas de la tercera edad,
pienso que estas personas son los verdaderos tesoros de la vida, que sus cuerpos
están tallados de hierro y sus mentes de experiencia; sin embargo estas
personas también necesitan el deporte en su vida, necesitan que el deporte les
eduque, y nosotros ser educados por ellos. Por el hecho de ser personas mayores
que ya no tienen posibilidad de ganar un oro olímpico no significa que no
puedan educarse con el deporte y el movimiento.
Hace poco mi abuela que está apuntada a varios cursos de
jubilados, me comentaba que la actividad que más le gustaba de todas las que
hacía era Yoga, defendía esta respuesta diciéndome que en ella no solo les
proporcionaban una gimnasia adaptada, una gimnasia que les permitía darse
cuenta que no eran inútiles y que también podían hacer ejercicio, sino que en
esta actividad les daban charlas sobre la vida, sobre la motivación en las
tareas, sobre la necesidad de hacer hoy lo que quieras hacer y no dejarlo para
mañana, les mostraban que a pesar de los años siguen teniendo ciertas
cualidades y que si se cuidan como todo en esta vida podemos conseguir que permanezcan
durante más tiempo, es decir les enseñaban, les educaban, y es que por el hecho
de ser más mayores no tienen porque no poder aprender y ser educados con el
deporte.
Recuerdo también a una señora de 80 años en una piscina
donde el agua le llegaba por la cintura, esta tenía un miedo abismal a soltarse
del bordillo, al final conseguí llevarla al medio de la piscina agarrada de mi
mano, e incluso que agarrada a mí llegara hasta donde el agua le cubría hasta
la altura de los hombros, ¿alguien puede negarme que eso no es educar? Ayudar a
una persona a superar sus miedos, que experimente la sensación de flotar y a
sentir el movimiento en su cuerpo es algo que no solamente hace que enseñemos a
nuestros pupilos, sino que nos educa a nosotros mismos ya que somos los
primeros que aprendemos con estas grandes personas que sin ser grandes
genialidades del deporte están ganando con este.
Lo mismo ocurre con los niños, con los discapacitados, y con
nosotros mismos cuando practicamos una actividad que jamás antes habíamos
realizado, y es que el deporte educativo no es solo aquel que nos aporta el
placer de la victoria o la sensación de una derrota.
Os dejo este enlace con youtube para que os hagaís una idea de lo que hablo
¡Un saludo!